Saturday, January 26, 2008

no ficción: san josé, costa rica

quería escribir una de esas historias de ficción que se escriben para que sean publicadas y ganar un poco de dinero. Pero al ir en carro por san josé, se topa uno con gente que tratan de ganar un poco de dinero viviendo historias que probablemente superan cualquier ficción.

siento vergüenza al admitir que veo a toda esta gente con la ventana (no polarizada) de mi carro cerrada, pero no por miedo a que me roben; ya antes de mi casa había puesto todos mis objetos valiosos fuera del alcance de manos ajenas. mi ventana es simplemente un intento de disimular esta realidad que puedo ver a menos de diez metros de mí. Pero esa realidad es imposible de disimular u obviar: no solo se acercan cada vez más y me ven probablemente con la misma cara que yo los veo a ellos, sino que parecen multiplicarse con cada minuto que pasa. pierdo la cuenta de la cantidad de ellos que deambulan por las calles, los que a las cinco y media de la tarde ya están en la cantina más cercana tratando de extender su línea de crédito para disimular su propia realidad, los que ya resignadas a su realidad, tratan de vender su cuerpo maltrecho, nada atractivo ,víctima de abortos ilegales o violencia doméstica a clientes de igual o peor calibre. una pareja de policías camina por estas calles cada 5 minutos, tratando de contener cualquier tipo de violencia que pueda surgir por estos lados, pero dudo que toda esta gente tenga la energía suficiente para cometer un crimen; si acaso pueden respirar en esta nube de contaminación que generamos los miles de carros que presenciamos este espectáculo nacional.

toda esta gente me recuerda que este país se formó a partir de un número relativamente pequeño de familias. en unos quinientos y pico de años de inmigración de cada rincón de este planeta, hemos pasado también por un proceso evolutivo donde los más aptos han sobrevivido, salido adelante y pasado esos genes de éxito a sus descendientes, en mayor o menor cuantía. los menos aptos deambulan por las calles y me escondo de ellos, como si me fueran a recriminar que desconozco a mi propia familia, por más lejana que sea.

todo esto parece un tema de película clase b, el tipo huyendo de zombis que no saben hacia dónde ir, pero están hambrientos y en este instante no tengo nada que ofrecerles más que unas cuantas monedas que no los van a saciar por más que algunos minutos. todo esto y más es san josé.

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